miércoles, 31 de agosto de 2011

Tardes

al menos una
donde se me quedan tus párpados, bañados de sueño
y tu sonrisa se descuelga de mis ojos
como manojos de viento.

Al menos una tarde
donde mis pies descansan en tus caminos
y mis manos transitan, de tanto en tanto, por tu cuerpo.

Una sola tarde,
donde cuelgo mis pies en los rincones,
y solo quiero caminar con tus ojos, mientras las calles ajenas,
mueren en recuerdos sucios
en tardes marchitas.

Esta tarde,
donde el poema es el secreto que me convida
ante el descanso de tus ojos, brillando distinto
y me río de esas calles lejanas y marchitas,
por que esta tarde, mientras el sol cae,
tus ojos deambulan en mi sonrisa.

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